Pelear o no pelear. ¿Quién es el más fuerte?

Los conflictos entre seres humanos raramente tienen un motivo racional. Son casi siempre emocionales. Y emocionales hasta los limites de la insanidad. Comienzan por causa de una determinada modulación de la voz o de la imperceptible contracción de un músculo facial, captado por el inconsciente instintivo, lo que deflagrará todo un sistema de autodefensa y el humanoide responderá con causticidad.

A partir de ahí, cada homínido se colocará dentro de una fortaleza y tratará de defender sus puntos de vista, intentando probarle al otro que tiene la razón. El problema es que los dos estarán haciendo la misma cosa, y por lo tanto, no llegarán a ninguna parte.

La estrategia más inteligente utilizada por las personas exitosas es pensar con la cabeza del otro. La realidad es una cuestión de óptica. Si comienzas a aplicar esta táctica, vas a constatar lo fácil que es no pelear.

Usando ese recurso, no estarás siendo inferior o más débil. Por el contrario, estarás dando los primeros pasos en el arte de dominar al adversario, haciendo que no te vea más como un agresor. Después que él no esté más a la defensiva y el clima emocional fuera afectuoso, podrás conseguir lo que quieras - ¡sin enfrentamientos!

Los mejores generales fueron los que vencieron a los enemigos sin apelar al elevado costo de las batallas.

Compara el costo/beneficio de una desgastante pelea entre personas que se aman, que podrá durar horas infinitas o hasta días; podrá dejar secuelas como un dolor para el resto de la vida; podrá comprometer el deseo sexual; podrá hasta generar un rompimiento definitivo. Compara eso con poder estar en el mando y descubrir qué tipo de cariño, qué tipo de fisionomía, qué tono de voz, qué tipo de frase, podría derretir a su compañero y tirarlo indefenso a sus pies!

Ahora considera: ¿quién es más fuerte, el que enfrenta o el que consigue no pelear?

*Extraído del libro Alternativas de relacionamento afetivo de DeRose.

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