Tres lecciones que descubrimos con Vanessa de Holanda

El pasado fin de semana tuvimos la oportunidad y privilegio de compartir con la queridísima profesora Vanessa de Holanda, que nos visitó desde Brasil para transmitirnos sus experiencias y conocimientos, en lo que estamos seguros que será un día inolvidable para nuestra escuela. Si te lo perdiste, o simplemente quieres refrescar tu memoria, aquí listamos tres de las lecciones más importantes que nos dejó Vanessa:

Genera más energía con tu respiración

Respirar mejor es vivir mejor. Descubrimos que la respiración es un instrumento súper poderoso que no sólo nos ayuda a mejorar nuestras prácticas sino también nuestra rutina diaria. Cinco elementos que no debes olvidar a la hora de respirar: el ritmo, el confort, la uniformidad, la lentitud y hacer exhalaciones suaves y pausadas.

Existen algunos ritmos respiratorios predeterminados que puedes utilizar de acuerdo al resultado que quieras obtener. Lo más importante es comprometerte con uno y mantener una uniformidad con el mismo durante tu práctica.

No olvides que los ejercicios respiratorios nos permiten modificar nuestro estado de conciencia, nuestras emociones y expandir el caudal de energía en nuestro organismo. Así que anímate, respirar es un proceso automático en nuestras vidas, pero si le aplicas conciencia, podrás lograr resultados inimaginables.

Concéntrate más y sácale más provecho a tu día

Sabemos que la mente bien entrenada puede ser una herramienta muy poderosa. La meditación es una forma de educar nuestros pensamientos para que se aquieten cuando sea necesario y abrir espacio para más conocimientos. Ejercitar nuestra concentración de forma periódica a través de la meditación nos permite destapar y utilizar todo el potencial de nuestra conciencia. Contrario a lo que podrías pensar, para alguien que medita, el tiempo rinde más, se aumenta la productividad, la lucidez y aumentan las percepciones. En las prácticas trabajamos múltiples técnicas para la meditación y la concentración. La idea es que repitamos de forma periódica el mismo ejercicio para alcanzar el estado deseado.

Una forma para entrenar la concentración, y hacer que nuestro día rinda más es, por ejemplo, la técnica Pomodoro. Establece tiempos de concentración ininterrumpida en tus tareas (25 minutos es un buen punto de partida), con pequeños descansos una vez cumplidos los momentos de trabajo de unos cinco a diez minutos. Verás cómo lograrás hacer mucho más en menos tiempo.

Cada experiencia es única

La lección más importante que vimos con Vanessa de Holanda es que cada experiencia es única cuando practicamos. No existen suposiciones absolutas que sean aplicables para todos. Somos como seres humanos individuos distintos, y por lo tanto nuestra percepción e interpretación del mundo siempre será particular. ¡Así que anímate y entrena! Tu experiencia individual siempre será un valor agregado para el resto de personas que conforma tu entorno. 

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